MANUEL LÓPEZ REY
Manuel López Rey acaba de publicar su libro de relatos Mal Momento. Nació en el 57 en Ponferrada, León, y tras abandonar los estudios de Medicina se traslada a Madrid para hacer Ciencias de la Imagen en la Complutense. Desde hace diez años pasa sus vacaciones en el Cabo de Gata. Se confiesa amante de nuestra tierra que también es
la suya. Bajo estas líneas, una breve entrevista para que conozcas algo más de él y de su Mal Momento.
MAL MOMENTO ES un libro con catorce relatos, diferentes entre sí, y
unidos por ese mal momento que nos cambia algo importante de la
vida para siempre.
MIS PERSONAJES SON todo lo reales que como escritor consigo alcanzar.
AQUELLOS VERANOS FUERON seguramente muy importantes en mi vida.
ALMERÍA ES PARA MÍ el lugar donde se encuentra el Parque Natural del Cabo de Gata, un espacio mágico donde el mar y el desierto me dejan sentirme bien.
ESCRIBIR RELATOS ES COMO vivir el instante, real o imaginario, con intensidad, y querer transmitirlo.
LAS METÁFORAS SIRVEN PARA explorar significados y delatar nuevas posibilidades del lenguaje; son esas palabras del texto gracias a las que nos acercamos un paso más a la otredad del hombre y de las cosas.
ME GUSTA leer un buen libro, escribir, y conversar de una manera divertida e inteligente con los demás. También, estar con las personas a las que quiero. Y soñar.
ODIO nada. No sé exactamente lo que siente el que odia, pero lo que sea le resta mucho a la vida, y a mí me gusta vivirla sumando.
MI PRÓXIMO PROYECTO PASA POR terminar la novela que estoy escribiendo.
Y seguir así, dándome, queriendo, encontrando y divirtiéndome: la vida es el proyecto más importante del que me ocupo.
ME ENFRENTO A LA PÁGINA EN BLANCO cuando tengo algo que decir. A veces, claro, me equivoco, y, como escribo con ordenador, termina en la papelera virtual.
CARTA A LA AMANTE DE MI MARIDO ES el resultado del encuentro de una voz, la de una mujer que tiene una visión particular de la relación de pareja, de lo que en realidad consiste el otro y de las cosas que lo conforman, lo individualizan y lo constituyen como ser, y que son las que verdaderamente ella aprecia y ama.
LA PORTADA DE MI LIBRO es la fotografía de un gorila que piensa, como si del cerebro
primigenio que todo hombre lleva dentro se tratara. La representación de la parte más oculta. Del dominador, el dueño de la vida de cada hombre. Hasta que éste es capaz de reescribirla, hasta el momento de la auténtica liberación. Entre tanto, manda el gorila.
UN ESCRITOR ES ALGUIEN QUE trabaja con las palabras y la imaginación para alcanzar
un conocimiento más verdadero que la realidad; y que sueña.
PARA ESCRIBIR ME INSPIRO EN… No creo en la inspiración. Sí en el trabajo que
ahonda en un asunto, que en mí siempre es el mismo: el hombre. Y cuando encuentro
algo nuevo que merece mi interés, escribo.
UN MAL MOMENTO LO TIENE cualquiera.
LA VIOLENCIA APARECE en este momento de la civilización, como explosión externa
de un conflicto interno. Como el terremoto, es el signo visible de confrontaciones invisibles, escondidas profundamente bajo tierra, ocultas en las capas más oscuras
y profundas del pensamiento. (Si atendemos a la totalidad de la Historia, la violencia no es sino posibilidad de la condición humana).
PUEDES ENCONTRAR MI LIBRO EN la librería Picasso (Almería); en la cafetería del Club
Social de San José, y en el Hostal Costa Rica (San José); también en cualquier librería
que lo encargues a través del ISBN. O solicitándolo en: www.manuellopezrey.com.
Bajo estas líneas el Bonus Track que os prometimos en la edición impresa de nuestra revista. Aquí tenéis un relato, cedido por el propio autor (Manuel López Rey). ¡Disfrutadlo!
Viaje a Lisboa
(Cuento de Manuel López Rey publicado en el libro Mal momento,
Mil Libros Narrativa, 2009)
Carecía de lo necesario para darse cuenta de lo que ocurría en aquel autobús, donde parece que no estaba dispuesta a callarse en todo el viaje, al menos hasta que divisara el puente viejo de Lisboa. Entonces cambiaría de conversación. Recordaría otras visitas a Portugal y pasarían de nuevo por su mente todas las postales y fotografías que conservaba y que había traído con ella para recrearse, y que ahora sacaba para continuar requiriendo, casi obscenamente, la atención de aquel hombre maduro que viajaba sentado a su lado.
Tenía que haberse callado a tiempo. Y lo hubiera hecho de saber lo que pasaba en el asiento de atrás.
No conseguía acomodar su cuerpo a pesar de ocupar las dos plazas de este lado del autobús y de arroparse con la cazadora que se quitó en un principio. Ni cerrando los ojos consiguió acallar la voz aguda y exasperante de aquella mujer que viajaba sentada justo delante de él y de la que solo veía una parte de la cabeza que no paraba de moverse y por la que paseaba continuamente la mano, entrometiendo las uñas largas y rojas de sus dedos entre el pelo rubio, teñido hace tiempo, y que algunas veces —ahora sí. Ahora no— quedaba sobre el cabecero del respaldo, pegado a la eléctrica tela de la tapicería, o suelto y descolocado, como un mechón arrancado que le apuntaba justo delante de los ojos, tan cerca, que no pudo acostumbrarse a sus cambiantes apariciones.
Ciudad Rodrigo ¿Conoce Ciudad Rodrigo? Es un pueblo maravilloso, a mí me encanta. ¿Y el ambiente que tiene? No me dirá que no es una maravilla recorrer los baritos tomándose vinos ¿Y qué me dice de esos pinchos estupendos que ponen? ¡Buenísimos! Hay que ver la cantidad de gente joven que tiene este pueblo. Yo ya he estado aquí en dos ocasiones. Y sin mi marido. Es cuando mejor me lo paso. Una carcajada subida de tono acompañó ahora a las dos manos en su recorrido por el pelo. Abrió los ojos y eran ahora diez uñas rojas las que casi arañaban su mirada, y aquel mechón muerto que luchaba por acomodarse. Le recorrió todo el cuerpo un sudor molesto, como el de quien despierta justo cuando comienza a dormirse. Esos escalofríos no eran buenos. Él sabía que así había empezado otras veces. Luego una extraña ansiedad le ocupaba la mente y todo su cuerpo se tensaba, como estaba ocurriendo ahora. Si se callara. Pero eso no iba a pasar, no sabía siquiera que aquel hombre de mediana edad sentado a su lado estuvo a punto de marearse. Pero aquel hombre sí tenía recursos y comenzó a ponerlos en práctica, ahora casi no la oía, estaba concentrado, meditando, y solo de vez en cuando chillaba una gaviota a lo lejos en el horizonte clarísimo de su mente.
¡Ay, qué toritos! ¿Los ha visto? Son preciosos, yo la verdad, como decía mi madre, no sé cómo son capaces de hacerles de sufrir de esa manera, con lo bonitos que se ven aquí en el campo, y no es que yo no entienda de toros, ¡vaya que si entiendo! Mi padre no se perdía una corrida en Las Ventas, ni por televisión. Pues no he visto yo toros en mi vida.
Él también trató de relajarse imitando al acompañante de aquella insoportable mujer pero no lo consiguió. No llega a los cuarenta, pensó, o quizá tenga cuarenta y pocos y debe de ser horrible. Seguro que lleva los labios pintados de rojo, como si no fuera suficiente con los alaridos que lanza por su boca. Y seguro que está gorda y viste apretada, como la mayoría de esas mujeres que también le ponen nervioso en el supermercado. A primera hora. No dejan a uno ni vestirse la bata tranquilo. Ni desperezarse siquiera. Si al menos a esa primera hora no llegara ninguna gritando a lo mejor era capaz de concentrarse, de colocar su mente a salvo. Pero no. Estaban allí tempranísimo, gritando. Se aburren en casa, no quieren hacer nada. Se pintan las uñas y los labios de rojo, se ensortijan como putas y a la calle. A gritar todo el día, y a reírse. Si al menos no se rieran de esa forma. Como pájaros. Y venga a hablar y hablar. Y siempre cuentan lo mismo. Las mismas historias día tras día, contadas como si fuera la primera vez, con el mismo ímpetu, con el mismo tono agudo de siempre, con el mismo esfuerzo. Y entre gritos y risas. Siempre esas risas falsas que utilizan para enseñar los dientes, como si les diera gusto notar cómo se estira el rojo pegajoso de sus labios. Y así todas las mañanas de su vida. Ahora incluso los domingos. Pues lo que faltaba. Por eso aquella tarde no pudo resistirlo. Hizo bien. Aquello no era el supermercado donde tenía que aguantarlas hasta que le estallaba la cabeza como una hemorragia. Aquello era una sala de cine y al cine no se viene a estar hablando toda la película, y riéndose cada vez que sale ese tío enseñando músculos. Seguro que le gusta. Le contará a la otra las guarradas que se le ocurren. Y venga a reírse. Por eso no pudo soportarlo. Allí no tenía por qué aguantarlas. Ya casi no conseguía ver nítida la pantalla. Ahora se derramaba en el interior de su cabeza un líquido caliente que le abrasaba los ojos y le tensaba el cuerpo. Ya no podía parar. Era imposible detener aquella corriente, por eso cuando salieron del cine la siguió hasta detrás del mercado y esperó a que se despidiera de su amiga. Le temblaron las manos en los bolsillos, se enredaban los dedos con la cuerda. Tenía que encontrar una punta pero aquello se apelotonaba como un ovillo sudado. Notó el nudo de un extremo, Ya la tengo, y sacó de repente la mano del bolsillo seguida de la cuerda. Un latigazo blanco pasó por delante de su cara. Sujetó firme el otro extremo justo antes de envolverla en el cuello maquillado de la chica. Grita ahora, puta, y ríete. Ríete. A que no te ríes. Venga, ríete ahora. No sabía de esa fuerza que tenían sus muñecas. No sabía con qué facilidad podía librarse de la angustia, con la misma que se iba la vida de aquel cuerpo. Con la misma que se apoderaba la muerte de aquellos ojos y parecían de repente más falsas las pestañas, que ya eran solo dos líneas azules rodeando la nada.
Lo recordó todo, hasta cómo antes de escapar de allí se abrió la bragueta para sacarla y mear encima del cuerpo de la chica. Esto es lo que querías, ¿eh? Y vio cómo se despintaban los labios manchándole la cara, igual que la oleada roja que rompía su mente. Ahora volvió a invadirle el mismo vaho ácido que derramó entonces sobre aquel cuerpo que ya había comenzado a enfriarse.
¡Ay, por fin! Ya estaba yo preguntándome si este autobús no iba a parar nunca, porque son muchas horas de viaje y una, en fin, ya sabe, necesita estirar las piernas y hacer otras cosas ¿Usted no baja? Sí hombre, que aún queda un buen trecho, bueno haga lo que quiera, yo voy a tomarme un respiro, la verdad que lo necesito, tantas horas aquí sentada sin moverme, a lo mejor le parezco inquieta, pero la verdad es que ya me apetecía a mí tomar el aire ¿No se va a tomar un cafetito? Bueno, usted verá, yo voy a bajar no vaya a ser que no me dé tiempo, en estos sitios se amontona la gente, ¿sabe?, no hay nadie y de repente todo lleno.
Entonces le vio la cara tras el cristal empañado en el que se había convertido su mirada y se levantó y bajó del autobús tras ella sin poder evitarlo. Ya no dominaba ninguna de sus acciones, y además por qué habría de hacerlo. Este era el viaje de sus vacaciones. Bien merecidas por cierto. Todo el año aguantándolas casi desde el amanecer, ahora no estaba obligado a aguantar a ninguna. Fue directamente al servicio y trató de aflojar aquella angustia lavándose la cara. El agua la sintió templada, como otra oleada de sudor, y no le sirvió de nada. La esperó en el vestíbulo de la estación, desde allí controlaba todo el espacio. Luego sus piernas se movieron de repente y lo llevaron hasta el servicio de señoras. La puerta de una cabina se abrió y supo que aquella boca comenzaría a gritar, por eso tuvo que golpearla con fuerza. El cuerpo de la mujer rebotó contra los azulejos del fondo dejándole el sitio justo para pasar dentro y cerrar la puerta. Antes de que ella lo viera tenía ya la cuerda en las manos. Rodeó su cuello y tiró con fuerza. Ni un lamento alcanzó a salir de su garganta aunque él sólo oía gritos y risas enrojecidos. Fue dejando caer el cuerpo que ya le pesaba y soltó de una mano la cuerda para sentarlo en la taza. Contempló unos instantes cómo se acomodaba el cadáver reciente y antes de que perdiera del todo su temperatura, casi sin quererlo, abrió la bragueta y comenzó a mearle la cara, luego los pechos, hasta que el vaho de la orina lo aturdió tanto que ya no recuerda cómo salió de allí. Ahora, de nuevo en el autobús, una parte de su cuerpo tiembla de miedo. Se lo merecía. Son mis vacaciones. No tenía derecho a joderme el viaje de esta manera. Ya no estoy en el supermercado ¿Qué se había creído? Por fin el aire. Ya puede respirar y todo vuelve a la normalidad. El hombre que viajaba al lado de la mujer no dice nada. Sigue con los ojos cerrados como hasta ahora, como hasta antes de la parada, sin inmutarse, como si lo supiera todo, además esto no va con él, tendría que estarme agradecido, sí, seguro que me lo agradece. A él le ocurre lo mismo. No aguanta los gritos.
© Manuel López Rey
Fotografía: José Manuel Alfaro




16 Comentarios
Muchas gracias a todos los que hacéis AJÍCARA.
Aún no he podido ver la edición en papel de este número, pero sí lo que ya está en vuestra web.
Por cierto, el retrato publicado con mi entrevista es obra de José Manuel Alfaro.
Yo tampoco aguanto los gritos. Mis felicitaciones por el relato, Manuel.
Enhorabuena por este magnífico regalo. Un saludo, Esperanza.
Este autor tiene varias cualidades pero la que más valoro sin duda es que transmite de una forma muy entretenida y amena todo lo que se le pasa por la cabeza,cualquier situación cotidiana por insignificante que pueda parecer de la desgrana y te la cuenta de una forma muy personal. “Mal Momento” nos cuenta situaciones limite de personas que lo han pasado mal, en esta obra nos ha transmitido la angustia de sus personajes y eso es lo que entiendo debe tranmitirnos los libros, sensaciones y vivencias con un estilo directo y muy “gráfico”. La definición de gráfico según la Real Academia es: Dicho de un modo de hablar que expone las cosas con la misma claridad que si estuvieran dibujadas (en este caso yo diría retratadas), y eso es lo que Manuel López es para mi como escritor, digamos que un “ESCRITOR GRÁFICO”.
Por cierto quien mejor le conoce dice que es un tipo divertido y algo extravagante, creo que vale la pena tomar un café con el o unas infusiones que el mismo prepara y que te sientan de maravilla.
He leído este relato y el resto del libro “Mal momento”. Os lo recomiendo.Aunque fuerte y transcendente, es capaz de atrapar desde el principio. Me alegra que esté en AJICARA.
He leído este cuento de Manuel López Rey en Ajícara, revista que sigo desde que la conocí. Ya lo había leído antes, porque tuve la suerte de comprar Mal Momento en la librería Picasso de Almería, donde me lo recomendaron. Al leerlo me llevé una gran sorpresa, porque me enganchó desde el principio y lo leí de corrido. Pasé un par de horas sin notar que pasaba el tiempo con este libro sorprendente y modernísimo. Es muy distinto a todo lo que he leído. La verdad pone los pelos de punta. Me parece extraordinario.
Si habeis leído Viaje a Lisboa, no podeis perderos el libro completo. Yo lo he recomendado a todos mis conocidos, y nadie se ha quedado indeferente ante él.
Mi enhorabuena a Manuel López Rey y a Ajícara por esta entrevista. Es más interesante que la del número anterior que le hicieron a Paco Bezerra, Premio Nacional de Literatura Dramática 2009, que fue un poco facilona. La entrevista de Manuel López Rey es interesante, tiene chispa, inteligencia, es seria y divertida a la vez. Muy agradable de leer.
Y su libro, repito, impresionante e imprescindible. No os lo perdais.
Me ha sorprendido este relato, y la entrevista. Enhorabuena a la revista Ajícara por mantener contenidos tan interesantes. El caso es que vivo lejos de Almería y para conseguir el libro he entrado en la página del autor http://www.manuellopezrey.com y ¡otra sorpresa! Es fundamentalmente literaria y además de bien diseñada, los textos son muy interesantes para los que nos gusta la lectura. También localicé en YouTube videos de entrevistas que la cadena SER y Onda Cero han echo a Manuel López Rey( otra sorpresa: vaya voz)
No os lo perdáis.
Al leer el libro de cuentos Mal Momento, me encuentro con que ha vuelto uno de esos escritores gallegos del siglo pasado que llenan páginas de historia en la literatura española. Quizá hace falta tener esa parte de espíritu norteño que tiene Manuel para atrapar el alma de los lectores igual que los árboles de sus bosques recogen las penas de los que los habitan.
Sé que uno de los lugares de España en donde más gusta el flamenco, es en Galicia. Por lo que no me extraña que Manuel se haya vuelto andaluceiro.
Espero su novela.
Me gustan mucho tus cuentos, espero que tengas un Mal Momento 2 en breve
Tengo la inmensa suerte de conocer a Manuel desde hace varios años.
Siempre me pareció una persona de gran valor humano e intelectual. No me equivocaba.
Al hablarme de su libro, enseguida pensé que no podía perder la oportunidad
de leerlo.
Una vez lo tuve en mis manos, lo leí de principio a fin. Cada relato era más apasionante que el anterior.
¡Mal Momento¡ Su lectura no te dejará indiferente…
He leido los comentarios que se hacen en esta página a proposito del libro “Mal momento” y de su autor, Manuel Lopez Rey y, como amigo suyo, deseo aclarar lo siguiente: Manuel no es un tipo estravagante (extravagancia, segun el diccionario de la Real Academia Española: desarreglo en el pensar y obrar) aunque si divertido cuando tiene “buenos momentos”; ojalá tuviera más. Yo sustituiria extravagante por singular o “sui generis”, por raro incluso. Es un hombre de gran calidad humana e intelectual, un libertario a la vieja usanza, que sufre de continuo por su gran sensibilidad y que se encierra en si mismo, con sus angeles y demonios mentales, buscando tiempo para crear. Tambien a mi me ha impresionado siempre la voz y forma de expresarse de Manuel, tan natural y sugerente. No voy a seguir, pues siendo amigo suyo estaría feo que lo alabara en demasía, pero se merece todo lo mejor. Enhorabuena por vuestra entrevista.
Hacía tiempo que no leia un libro tan impresionante y que me llegara al alma como Mal Momento de Manuel lopez Rey. Fantastico. yo tambien lo leí del tirón, no podia dejarlo. En algunos cuentos lloré y en otros reí y en todos logró engancharme su magia y su manera de contar. Que gran persona se tiene que esconder en este ESCRITOR.
Me regalaron Mal momento y con él descubrí un escritor que me ha sorprendido de verdad; creo que, a pesar de las diferencias entre estos relatos, se percibe una misma voz, personal, rotunda y, para mí, extraordinaria; una prosa cargada de información y significado; una escritura impecable y, lo que me parece aún mejor, una poética eficaz y sincera que envuelve toda la obra. ENHORABUENA
Y AJÍCARA, por favor, cuando este escritor publique un nuevo libro, mantenernos informados.
Sólo quiero probar esta nueva forma de comentar.
RELATO CORTO PARA MANUEL.
Desde el primer día que te vi por las calles de ese pueblo con tantos veranos que hemos podido compartir, y aquel flequillo que sugería: vitalidad, originalidad ya supe que eras diferente; de tal forma que los que te hemos observado día a día, sabiamos que aún tenías muchas más cosas que darnos.
Gracias por ser, como eres y por ese, ser consciente de haber llegado al momento, de escribir y aflorar tu sensibilidad y arte que siempre te han acompañado.
gracia por ser conciliador con todos y para todo.
Para saber amar el “todo” primero hay que hacer un ejercício, un entrenamiento, la mayoría de la veces arduo y difícil, el de los guerreros que no se conforman y necesitan compartir con los demás.
amigo mio, adelante¡¡¡ a los que te queremos, te esperabamos. gracias¡¡¡
marisa.
Ya sé que este no es el lugar; pero no te encuentro y he de decírtelo: contacta con manuellopezrey@gmail.com
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