CARLOS PÉREZ SIQUIER
La excusa principal con la que llamar a Carlos Pérez Siquier, fotógrafo almeriense y a estas altura conocido por muchos, es el reconocimiento recibido, el pasado mes de noviembre, con la entrega de la Medalla de Oro del Instituto de Estudios Almerienses.
Nos ponemos en contacto telefónico con él. Se interesa por nuestra revista y nos concede una entrevista.
El fotógrafo de La Chanca celebra su ochenta cumpleaños el próximo año y la Diputación Provincial diseña un programa para declarar 2010 el año de Carlos Pérez Siquier. Además, durante este año, el fotógrafo celebra el sesenta aniversario de su primera fotografía.
Galardones, reconocimientos a una carrera notable y una, más que probable, calle con su nombre. ¿Qué se siente cuando a uno lo colman de halagos y además le reconocen el trabajo bien hecho?
Los premios, como las medallas, son reconocimientos que llegan cuando uno ya empieza a perder otros estímulos más gratificantes. Algo reconforta pero los recibes con una naturalidad que me resulta inquietante, pues antes, en mi juventud, me hubiese apasionado y ahora, sin embargo, al llegar casi me dejan indiferente.
Probablemente la experiencia apacigüe el espíritu, y los premios y los reconocimientos se vean, simplemente, como lo que son.
Por otra parte, al aparecer con demasiada frecuencia en los medios, empiezo a perder parte de mi intimidad y, cuando en Almería salgo a fotografiar, me convierto en una persona vigilada, lo que me coarta y limita mi acción de captar disimuladamente nuestra realidad cotidiana.
Esa pérdida de cierta intimidad de la que nos habla invita a pensar que no le ayuda demasiado aquello de que le llamen “almeriense universal”.
Siempre se ha considerado que el mundo es una aldea global y cuando, con mayor o menor acierto, describes originalmente tu pueblo lo elevas a categoría universal.
Carlos Pérez Siquier está considerado pionero de la vanguardia fotográfica en España. Probablemente, casi sin darse cuenta, Pérez Siquier sentó las bases de la nueva fotografía documental. Todo esto ocurrió a finales de la década de los 50, cuando se convirtió en uno de los fundadores de AFAL (Agrupación Fotográfica Almeriense) y creó también la revista que llevó este mismo nombre.
“AFAL es un milagro”, como me escribía mi amigo y compañero Leopoldo Pomés, el mejor comunicador visual de Cataluña; el del caballo blanco de Terry, el de las burbujitas de Freixenet y el de los Juegos Olímpicos de Barcelona, o un fenómeno irrepetible en la historia cultural de Cataluña. En aquellos años 50, una revista belga especializada escribía: “Almería es la capital de la fotografía española”, y es que desde nuestra cuidad habíamos conseguido llegar a París, Milán, Berlín, Moscú, etc. Para una mejor comprensión de este fenómeno se puede consultar el libro Historia de la Fotografía Española, de Publio López Modejar.
Pero mientras disfrutaban de este éxito internacional -la revista llegó a editarse en francés-, Arte Fotográfico, otra publicación, aseguró que a los de AFAL sólo les gustaba la basura.
Arte Fotográfico fue una revista de aficionados de domingo que había optado por la fotografía como pudieron haberlo hecho por la cría de canarios o el cultivo de bonsáis, con permiso del expresidente. Nuestra fotografía, sincera, vital, reflejo del tiempo que nos había tocado vivir, chocaba con su concepto de Arte con mayúscula. Lo nuestro estaba más cerca del neorrealismo y lo de ellos, del salonismo.
AFAL tiene su propio documental, AFAL, UNA MIRADA LIBRE. En él, Ramón Masats valora muy positivamente que “perdidos en el culo del mundo” hubiera alguien con interés en “hacer la mejor revista fotográfica que se ha hecho en España”. Probablemente y como apunta Ramón, lo que más sorprende de todo es que la revista se gestó en una Almería abandonada. En los años 50 Almería era una ciudad incomunicada física y culturalmente, por lo que, el nacimiento de AFAL fue algo sorprendente cuando además tuvo que sortear censuras e incomprensiones en el régimen imperante. Todo se consiguió con esfuerzo, voluntad y altruismo. Pero, ¿qué aporta, personalmente hablando, la edición de una revista como AFAL? Grandes y apasionantes amistades en el desierto cultural de Almería. Apartó de mí el cáliz de la rutina, de la indolencia.
Pérez Siquier y José Mª Artero crearon una fotografía humana y sincera, auténtica. Rompieron con la tradición pictoralista y su aparición en escena supuso una importante renovación fotográfica. Pero… ¿eran conscientes, durante aquellos años, del empujón que le estaban dando a la fotografía? Como decía mi compañero de viaje, José Mª Artero, éramos unos intrépidos aventureros con sus locos cacharros. Reflexivo él, intuitivo yo, fuimos un espontáneo tándem impulsor que no buscaba reconocimientos sino reflejar una fotografía de nuestro tiempo, circunstancia y condición ideológica.
A estas alturas de la vida ¿cómo se define la fotografía de Pérez Siquier?
Dicen que mi fotografía no es cronología, que es más joven, que me anticipo y que por eso es intemporal. Es decir, que me sobrevivirá, algo que aunque me parece pretencioso me reconforta para poder consolarme en este estado de la cuestión.
Carlos Pérez Siquier es el fotógrafo de La Chanca. Él retrató a los habitantes de este barrio de Almería, un barrio pobre donde la miseria campaba a sus anchas. Me pregunto cómo es posible retratar a los más desfavorecidos sin que éstos se sientas ofendidos o agredidos. El objetivo de la cámara siempre impone y si encima retratan las miserias de otro puede resultar incómodo para el fotógrafo y para el fotografiado. En aquellos tiempos de silencio de la posguerra, La Chanca era un espacio de pobreza, pero también de dignidad en gran parte de su gente. Yo opté por reflejar esta aparente contradicción no siendo un intruso sino alguien que los comprendía y los respetaba, y siempre encontré su agradecimiento que 50 años después me han refrendado.
Es verdad que las fotografías de La Chanca gozan de un éxito tremendo y tienen una aceptación increíble. ¿Por qué? Por su autenticidad, pues jamás preparé la escenografía de mis personajes. Yo retraté la vida misma, quieta o en movimiento, pero siempre espontánea. Si bien considero que mi reportaje de La Chanca ha tenido su influencia en la fotografía humanista española, sería un descerebrado si pensara que fui un precursor en el medio, porque todos estamos contaminados de nuestros anteriores maestros.
Acabamos con varias cuestiones que no quiero dejar pasar. Primera cuestión. La fotografía entendida como arte. Un debate que sigue generando cierta polémica probablemente porque entendemos la cámara fotográfica como un elemento determinante en la realización de una fotografía. Pero, ¿qué hay del ojo que hay detrás de la cámara? ¿Y de ese preciso instante, y no otro, en el que hacemos “clic”? Pérez Siquier es determinante. A estas alturas de la película y con lo que está cayendo en el mundo del arte, tener dudas a este respecto es ser una analfabeto visual.
Segunda cuestión. Almería. Pregunta obligada para la mayoría de nuestros entrevistados. Nos interesa saber qué piensa de su tierra, que recapacite, en voz alta, sobre la cultura que se genera en Almería. ¿Seguimos como hace años o por el contrario hemos avanzado?
El mundo del arte en Almería se entumece en círculos muy reducidos, y es una verdadera tragedia que la mayoría de jóvenes opten por el mucho ruido y pocas nueces y las instituciones apuesten más por lo multitudinario vacilón que por la callada obra creativa de un autor novel. Para Carlos Pérez Siquier, su tierra, su Almería, forma parte de mi idiosincrasia, de mi forma de ser y estar en el mundo. Son mis señas de identidad y es lo que procuro reflejar en mis fotografías con la mayor coherencia.
Texto: Sara Molina
Fotografía cedida por Carlos Pérez Siquier



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